Intervenciones conductuales en Educación Infantil

Intervenciones conductuales en Educación Infantil

Tengo la impresión de que estamos inmersos en una ola de nueva educación que pretende romper con el modelo tradicional innovando y trayendo nuevas prespectivas cuya revisión es urgente. Vivimos en una época donde la familia y la escuela, gira cada vez más entorno a explicar la violencia entre pares desde las emociones. El reconocimiento de las emociones en los infantes es un avance positivo, pero necesitamos actuar con precaución.

Estamos viviendo un progresivo desequilibrio de la balanza educativa : firmeza/cariño  y quizas el tiro nos esté saliendo por la culata. La razón no es muy compleja. Intentaré explicarme. Estamos evitando a toda costa el castigo y los premios, o si lo queremos llamar, las consecuencias negativas y positivas ante ciertos comportamientos y estamos sustituyendo esta forma de intervención conductista por el tratamiento de las emociones. Hoy en día, esta muy mal visto castigar, parece que es de mal padre/madre. Se dice que los padres “chantajean” a sus hijos, cuando les advierten de las consecuencias negativas de una mal comportamiento a sus hijos/as. Si eso es chantaje ¿Cómo ponemos los límites entonces?. En este artículo me gustaría dar a conocer los diferentes resultados de ambas actuaciones: la Socio-emocional versus la conductista.

En junio de 2017, la revista científica Review of Educational Research, que es la tercera revista más prestigiosa en educación del 2016 según su SRJ, publicó el siguiente artículo A Review of Classwide or Universal Social, Emotional, Behavioral Programs for Students in Kindergarten, escrito por  Christian V. Sabey, Cade T. Charlton, Daniel Pyle, Benjamin Lignugaris-Kraft y Scott W. Ross con el proposito de comparar 26 programas para el manejo conductual de niños/as de la etapa infantil (0-6).

El propósito de esta revisión fue identificar y evaluar la evidencia de intervenciones universales (de toda la clase) de comportamiento social de jardín de infantes e identificar qué intervenciones o prácticas podrían ser más útiles para los maestros de Educación Infantil. En 11 estudios, los investigadores usaron intervenciones SEL(Aprendizaje socio-emocional), y produjeron consistentemente estudios de menor calidad y efectos más pequeños que aquellos que usaron intervenciones conductuales. De estos 11 estudios, solo Ashdown y Bernard (2012), Reid et al. (2007) y Webster-Stratton et al. (2008) fueron calificados con evidencia de calidad adecuada (27%). Estos investigadores produjeron efectos desde pequeño a mediano sobre el comportamiento antisocial, y desde sin efectos hasta efectos pequeños sobre el comportamiento prosocial, y pequeños efectos sobre la conciencia emocional y la adquisición de habilidades. Ninguna de las intervenciones SEL de calidad adecuada produjo tamaños de efecto medianos o grandes. Solo el currículum de “You Can Do It” (Ashdown y Bernard, 2012) produjo resultados significativos sobre el comportamiento antisocial, el bienestar prosocial y la conciencia emocional. Con base en la investigación disponible, este es un programa prometedor que necesita estudio adicional. En general, las intervenciones de SEL carecen de la evidencia necesaria para recomendar su uso como intervenciones de jardin de infacia.

En contraste, la categoría de intervención conductual produjo evidencia de la más alta calidad y los mayores efectos sobre los resultados antisociales y prosociales. Cinco estudios mostraron grandes efectos para la disminución del comportamiento antisocial (Benner et al., 2012; Donaldson et al., 2011; Shelton-Quinn, 2009; Tanol et al., 2010; Wright y McCurdy, 2012). Tres de ellos también aumentaron el comportamiento prosocial con efectos medianos a grandes (Benner et al., 2012; Shelton-Quinn, 2009; Wright y McCurdy, 2012). Estos buenos resultados respaldan la recomendación de que los maestros de jardín de infancia consideren el empleo de un enfoque conductual para disminuir el comportamiento antisocial y aumentar el comportamiento prosocial entre sus alumnos/as. Al abordar la conciencia emocional o la adquisición de habilidades, los docentes deben considerar cuidadosamente el contexto en el que se utilizará la intervención, dado el número limitado de estudios y los resultados generalmente pobres.

 Creo que no hay mucho más que añadir. Lo único que me gustaría aclarar, es que una intervención conductual no tiene que ver con maltrato físico o verbal. Los cachetes y los insultos hacia los niños por parte de los adultos traén más violencia y problemas a la infancia de los que solucionan. Los castigos tienen que ser siempre adecuados a la edad de los niños.

Tremblay(2008) no duda en decir que la agresividad tiene parte de innato, y se debe aprender a no usarla. Desde las primeras pataletas los adultos debemos enseñar a los niños/as a pedir las cosas con palabras, sin gritar, sin pegar, sin insultar. Para ello debemos enseñarles a esperar, parar, escuchar, plantear turnos, etc. Pero cuando usan la violencia, no debemos de aplicar las consecuencias previamente explicadas o consensuadas con ellos para esos casos. No debemos olvidar, que el cariño es necesario en toda esta ecuación, puesto que sin el la efectividad de los castigos es mucho menor. Por otro lado, tampoco podemos basar nuestra intervención en castigos, los niños/as necesitan objetivos posibles que poder conseguir y por los que sentirse orgullosos y premiados. Por ejemplo, cuando vamos al supermercado en vez de estar prohibiendoles que toquen los productos, podemos pedirles que busquen los productos que previamente hemos escrito en una lista. De este modo, les estaremos dando objetivos a cumplir y por los que van a poder ser premiados.

Creo que el respeto debería de evaluarse en modo multidireccional. No podemos consetir un entorno educativo donde el adulto este preocupado en el respeto hacia los niños/as (no castigándolos, por ejemplo), pero observar impavidos como algunos niños/as “castigan” a los demás niños/as con sus golpes e insultos. No es justo aplicar intervenciones “muy éticas” y “muy humanistas” si no evitan con efectividad la agresion entre pares.

Finalmente, como se ha visto ambas intervenciones tienen efectos positivos en el comportamiento del alumnado. Creo que no se debería de plantear una intervención sin tener en cuenta la otra. El diálogo igualitario en torno a las normas y las consecuencias, los valores, los sentimientos y las emociones supondrán una mejora en convivencia, pero reforzar el buen comportamiento y penalizar las faltas de respeto y la violencia también es necesario. Será efectivo cuando, además del profesor, esta vigilancia y aplicación de la norma la efectúa el grupo de forma razonada e igualitaria. Sobre todo si conseguimos que cumplir la norma se convierta lo bueno y lo guay para el alumnado, ante todo gracias a que el grupo aprende a valorar positivamente (consecuencias positivas) al alumnado que las cumple y las hace cumplir.

Referencias:

1.- A Review of Classwide or Universal Social, Emotional, Behavioral Programs for Students in Kindergarten. 2017.Christian V. Sabey, Cade T. Charlton, Daniel Pyle, Benjamin Lignugaris-Kraft y Scott W. Ross

2.- The development of aggressive behaviour during childhood: What have we learned in the past century?. 2000. Richard E. Tremblay.

3.- Prevenir la violencia a través del aprendizaje EN LA PRIMERA INFANCIA. 2008. Richard. E. Trembay.

gontzal

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