10 mitos sobre la violencia infantil

10 mitos sobre la violencia infantil

Estos son los 10 mitos más comunes que se suelen escuchar en corrillos de padres y aulas de profesorado sobre la violencia infantil:

  1. La actitud violenta se pasa con el tiempo. Si bien la violencia física decrece a la edad de 4 años a causa del aumento de los comportamientos prosociales y el uso del lenguaje es de resaltar que aparecen otros tipos de violencia como la agresión verbal. Sin embargo, casi el 10% de los niños continúan teniendo un comportamiento muy agresivo conforme van transcurriendo sus años de preescolar, este comportamiento si no es tratado adecuadamente podrá traer consecuencias como abandono escolar, delincuencia, violencia de género, drogas y desempleo. Los niños que tienen dificultades en controlar su comportamiento agresivo en preescolar son propensos a mantener este comportamiento en primaria y la adolescencia, es decir, el comportamiento violento es persistente.
  2. La adolescencia es el momento de más peleas. Las edad que muestra mayor frecuencia conductas de agresión física es durante la preescolar. Por ello, para maximizar la eficacia, las intervenciones para acabar con la agresión física deben de comenzar antes de que los niños alcancen los 5 años de edad.
  3. No hay que castigar a los niños. Cuando un niño arrebata un juguete a otro está utilizando la agresión física para conseguir algo que desea. Esta situación, por sí misma, presenta un premio o una consecuencia positiva para el niño que ejerce la violencia. Mientras la violencia sea eficaz para ellos volverán a usarla, sin embargo, si ello les reporta una consecuencia negativa y además se les enseña estrategias (esperar turnos, compartir, cooperar, intercambiar) para conseguir su objetivo el comportamiento cambiará.
  4. Jugar a peleas es malo. Sorpresivamente, se observó que cuando se prohibía la pelea a animales su agresividad aumentaba en vez de disminuir. Este juego es, en realidad, un desarrollo positivo en el que los niños aprenden a controlar sus reacciones agresivas y a disminuir la frecuencia de una agresión real. Sin embargo, es adecuado que estos juegos tengan una supervisión de un adulto.
  5. La violencia es un problema de origen emocional. Es verdad que la falta de cariño puede empeorar notablemente el comportamiento infantil. Sin embargo, los niños y niñas de familias cariñosas también pueden tener problemas de conducta. La violencia no es un problema emocional, es un problema conductual. La violencia es ,básicamente, una estrategia para conseguir lo deseado. El cariño es un potente recurso que debe ser usado para apoyar el comportamiento prosocial y pacífico, pero jamás se deben ofrecer caricias o besos después de una conducta violenta. Los niños responden mejor a la disciplina cuando entre el adulto y el niño hay un lazo afectivo positivo previo. Tratamientos como la psicomotricidad no se basan en ninguna evidencia científica.
  6. Un cachete a tiempo es mano de santo. Los infantes que sufren castigos físicos por parte de sus padres tienen más propensión a mostrar agresión física crónica a comienzos de la niñez. En las familias en las que el comportamiento agresivo es una norma para los adultos se da el hecho de que los niños no cuentan con modelos positivos para aprender la manera de moderar sus propios impulsos agresivos.
  7. Si un niño usa la violencia es mejor no prestarle atención. Para terminar con las actitudes violentas los padres y educadores no deberán pasar por alto esta actitud en ningún momento. Hacer la vista gorda es propiciar momentos donde el niño o la niña refuerzan el aprendizaje de que la violencia es una herramienta efectiva. La disciplina tiene que ser constante.
  8. Los niños y niñas resuelven mejor los problemas solos. Los infantes necesitan de los adultos para aprender a no usar la violencia. Preescolar es una edad clave para actuar y en esta edad los niños no suelen estar preparados para resolver las peleas o agresiones de otros. La observación y supervisión de las actitudes es clave para su tratamiento. También es insuficiente cuando el adulto solo actúa para castigar, puesto que es necesaria su guía para aprender a esperar, parar, hablar y resolver los problemas.
  9. Los niños son violentos por que los padres lo son. Si bien existe cierta relación en muchos casos, existen otros casos donde la agresividad aparece en familias donde la agresividad no existe. Esto se debe a que la agresividad es innata en el ser humano. Prueba de esto es que a ningún niño se le enseñó a tener pataletas. Ambientes familiares faltos de normas consistentes y consencuencias pueden propiciar un desarrollo de la agresividad en la infancia.
  10. Hay niños con los que nada funciona. Los tratamientos cognitivo-conductuales que proponen los/as psicólogos/as son muy efectivos. Aun así, si el niño/a:
  • No responde a la disciplina del adulto
  • No aprende a controlar comportamiento agresivo.
  • No crea lazos positivos con los adultos o con los niños que están a su alrededor.
    En estos casos es importante buscar la ayuda de un profesional sin esperar a que el problema desaparezca por si solo o tenga consecuencias a largo plazo.

Fuente: Richard E. Tremblay, Jean Gervais, amélie Peticlerc (2008). Prevenir la violencia a través del aprendizaje en la primera infancia. Centro de Escelencia para el desarrollo de la primera infancia.

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