¿La dislexia se puede prevenir?

¿La dislexia se puede prevenir?

La dislexia es un trastorno que conlleva dificultad de lectura y tiene un origen neurológica. En los últimos años los investigadores han descubierto definitivamente que no tiene relación con la inteligencia. Tampoco tiene relación con la pereza, a pesar de ser la calificación más habitual que les dan los profesores, por desgracia. Los investigadores han descrito el defectuoso funcionamiento cerebral de los disléxicos gracias a dispositivos que registran la actividad cerebral. Siendo así, son capaces de distinguir entre cerebros con y sin dislexia. Parece un milagro, ¿no?

Entre los últimos avances que ha dado la ciencia en torno a la dislexia, destacaría la prevención. Pero ¿se puede prevenir un trastorno que es neurológico? Pues sí, parece que sí, si miramos las evidencias que han mostrado investigaciones de prestigio en torno a la dislexia. Las interacciones domésticas dirigidas a la lectura tienen la capacidad de orientar el funcionamiento inadecuado del cerebro. Home Literacy Environments (HLE) son los ambientes domésticos en los que los miembros de la familia enseñan a los niños y niñas de Educación Infantil los nombres y sonidos de las letras, y se realizan actividades como la lectura de palabras y la lectura compartida de libros.

En dicho estudio, conociendo la historia lectora de la familia, detectaron a alumnos con riesgo de dislexia. A algunos de ellos se les ofrecían esos ambientes domésticos (HLE) orientados a la alfabetización. El resultado fue sorprendente: a esos niños tratados se les activaban las áreas cerebrales adecuadas, lo mismo que a los alumnos sin dislexia. Al año siguiente refinaron los resultados y demostraron que el éxito de esa alfabetización doméstica se debía especialmente a la enseñanza formal de la lectura y no tanto a la lectura de libros a niños.

¡Esa noticia es fantástica! Lo que decía Ramón y Cajal, “Todo ser humano puede ser, si quiere, el escultor de su cerebro”, se puede afirmar en los resultados de esas investigaciones. Se ha observado que el ambiente y los estudios generados desde muy pequeños transforman las tendencias genéticas previas en el cerebro. Ahí es donde se nos muestra otra prueba de que la lectura, sin duda, hay que fomentarla desde los 0 años en la familia y en las escuelas y, sobre todo, en los casos de bajo nivel socioeconómico o riesgo de dislexia. La clave del éxito radica en detectar este tipo de familias y fomentar estos ambientes.

gontzal

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